Tecnología: Lo que puede y no puede hacer por la educación - BID

Tecnología: Lo que puede y no puede hacer por la educación

El gasto mundial en educación y formación es hoy un sector de más de 6 billones de dólares; las estimaciones indican que crecerá hasta los 10 trillones  para 2030, convirtiéndose en uno de los sectores de mayor expansión en la próxima década. Sin embargo, comparado con otras industrias, la EdTech (tecnología educativa) representa una porción muy pequeña de ese mercado global: menos del 3% del tamaño total de la industria corresponde a  gasto digital (HolonIQ), lo que significa que tiene mucho espacio para crecer en los próximos años. Esto también indica que el sector tiene un grado de desarrollo claramente incipiente para el tamaño de los desafíos que estamos enfrentando.

Como consecuencia de la rápida propagación del COVID-19 en la primavera de 2020, 192 países cerraron sus escuelas y el 91% de los niños y jóvenes fueron enviados a sus casas (UNESCO, 2020). A partir de ese momento, la tecnología dejó de ser un mero instrumento periférico en el sector educativo y se convirtió en una herramienta central para permitir que la educación sucediera y continuara en medio de la crisis. De repente, la educación se volvió casi enteramente dependiente de la tecnología. Sin embargo, el sector estaba muy por debajo de las necesidades en términos de capacidad instalada y digitalización para absorber un choque de estas dimensiones.

Los desafíos actuales en educación y formación (tanto desde el punto de vista del acceso, como de la baja calidad de los aprendizajes, de la necesidad de incorporar habilidades nuevas como las digitales, y de continuar aprendiendo durante toda la vida para no ser desplazado por la tecnología en el mercado laboral), requieren de la tecnología para enfrentar a escala y profundidad las transformaciones que tienen que darse.

Muchas de las soluciones EdTech pueden ser dirigidas e implementadas por el docente. Sin embargo, dadas las diferencias en términos de recursos entre centros, docentes y estudiantes de diferentes niveles socioeconómicos, hay ciertas condiciones a nivel del sistema que tienen que darse para que estas transformaciones lleguen a todos, incluyendo a los más vulnerables, y evitar que no se acentúen las brechas ya existentes. De cómo utilicemos las oportunidades que nos brinda la tecnología va a depender que la digitalización contribuya a cerrar brechas en educación o a abrirlas aún más.

Transformación educativa: ¿Gradualidad o disrupción?

La pregunta es ¿cómo se hace esa transformación? ¿Es posible pensar en un proceso gradual? El COVID-19 ha acelerado la disrupción en un mundo que ya se encontraba en transformación. Después de los retos y experiencias complejas con el aprendizaje remoto en la mayoría de los países, nadie puede imaginar una nueva normalidad sin tecnología. La crisis está redefiniendo el futuro del aprendizaje. En este contexto, Ivan Bofarull, CIO de ESADE, señala que la crisis del COVID-19 va a resultar en un mercado de EdTech a la alza en los próximos años dado que el problema que enfrentamos reúne todos los elementos: frecuencia, densidad, dolor, y fricción. “En un escenario de una economía cerrada, no importa si eres un estudiante de secundaria o un ejecutivo de una empresa, vas a encontrarte con el problema del aprendizaje en línea permanentemente, vas a gastar mucho tiempo y esfuerzo tratando de obtener la mejor experiencia y, debido a la relevancia de la educación, una experiencia insatisfactoria va a ser percibida como altamente dolorosa. Esta es una razón importante para mantenerse “optimista” en lo que se refiere al mercado EdTech en un futuro próximo”, dice Bofarull.

¿Cómo pueden responder los sistemas educativos y de formación a esta disrupción? En octubre 2018, el gobierno de Paraguay realizó un seminario internacional sobre tecnología y aprendizaje en el que  expertos internacionales compartieron los procesos de transformación digital de varios  sistemas educativos, entre los que se encuentran Corea del Sur,  Finlandia, Estonia, Estados Unidos y Uruguay. Todos coincidieron en mostrar procesos de reforma secuenciados por fases y con diferentes énfasis. A todos les tomaron varias décadas. Estonia y Uruguay ejecutaron reformas décadas después de Corea del Sur y Finlandia, pero se pusieron rápidamente al día para llegar a la etapa actual de aprendizaje personalizado y basado en habilidades. El caso de referencia en la región es Uruguay con el Plan Ceibal. Lograron hacerlo en poco más de 10 años, pero también por fases. Cada país utilizó diferentes combinaciones de secuencias y se evidenció que estos procesos de reforma trabajan fundamentalmente sobre 4 ejes: (i) infraestructura tecnológica con un foco en conectividad; (ii) capacitación docente; (iii) reforma curricular; e (iv) interconexión en tiempo real entre escuelas, maestros, estudiantes, y padres.

https://blogs.iadb.org/educacion/es/tecnologiayeducacion-2/

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